Alejandro no se hace esperar. Llega al antro temprano. Nemesio lo estaba esperando. Baila en medio de la pista, es el centro del antro. Le gusta hacerse el sexy, el seductor pero en realidad está muy asustado, en realidad sólo tiene ojos para Alejandro que se acerca a él. Baila muy pegado a Nemesio. Los dos vibran por tenerse el uno cerca del otro.
--¡sabía que ibas a volver.¡ ¡¡sabía que te habías quedado con las ganas de mí¡ --dice Alejandro seductor.
Nemesio hace el que no lo ha oído:
--¿¡cómo?¡
Alejandro le sonríe coqueto:
--¡¡que hoy va a ser la noche de tu vida¡
Nemesio baja la guardia, Alejandro la acaricia y Nemesio se estremece. Alejandro lo besa y con orgullo contempla que se derrite en sus brazos. Nemesio y Alejandro se olvidan de todo y se besan apasionadamente.
Alejandro y Nemesio se están besando. Es un beso que los convierte en uno solo y que a los dos les gusta mucho. Alejandro queda impactado. Siente ese beso de una forma profunda, especial. Nunca había disfrutado de un beso. Igualmente no lo puede saborear. Al darse cuenta que ha mostrando sus sentimientos, Nemesio se va muy angustiado. Alejandro sonríe divertido:
--así que quieres jugar...
Pone cara de depravado mientras lo sigue. Se frota las manos.
--esta noche el lobo cenará un tierno corderito.
Con mirada libidinosa entra en el baño. Nemesio se está lavando la cara. Tiene la cabeza mojada para bajarse la calentura. Mirándose al espejo se reprocha ese beso. Lo que más le duele no es haber descubierto sus sentimientos a Alejandro sino haber disfrutado. Su cuerpo lo ha traicionado. Está muerto por Alejandro. Si se queda un segundo más con él se habría dejado hacer lo que fuera por Alejandro. Nemesio se pone tenso al ver entrar a Alejandro. Con cara de depravado le dice:
--así que eres de los que le gusta hacerlo en los baños... bueno... yo prefiero una cama pero para darnos el gusto cualquier lugar va bien...
Alejandro mueve la cabeza muy sensualmente invitando a Nemesio a seguirlo. Al chico le cuesta un gran esfuerzo quedarse quieto.
--venga Neme... No te hagas de rogar más...
Alejandro le habla con una voz muy sensual, con una mirada muy sexy. Lo derrite. Le guiña el ojo y se dispone a acariciarlo. Nemesio sabe que si lo hace está perdido. Le gusta como dice su nombre, como lo mira. Como lo seduce. Desea acostarse con él pero ¿y entonces dónde quedarían esos dos años en los que sólo ha pensando hacerle pagar por haberlo humillado? Alejandro lo está desarmado pero Alejandro no cuenta con que su rencor es fuerte. Lo ha amado mucho pero también lo ha odiado. Ese odio que ha alimentado durante dos años le da fuerzas para rechazarlo. Aunque le cuesta se finge indiferente:
--¿tú aquí? No te cansas de perseguirme, veo que estás desesperado ¿Cuánto hace que no coges?
Alejandro quiere pegar su cuerpo al de Nemesio pero el chico no le deja. Se aparta de él porque le quema demasiado su proximidad. Muy coqueto y divertido Alejandro le dice:
--¿cual es tu juego? Te gusto tú me gusta cuál es tu problema.
--me das miedo, temo que te enamores de mí y sólo me interesa el sexo
--tranquilo, a mi también.
Están a punto de besarse. Sus labios a un milímetro cuando ya Alejandro lo tiene seguro Nemesio se le escapa de los brazos. Alejandro casi se cae y medio besa la pared. Nemesio se le ríe. Es algo que molesta mucho a Alejandro. Se lleva las manos a la cabeza. Se desespera:
--¡¡estás loco por mí ya deja de jugar¡¡
--¡¡que me olvides, eres un acosador desesperado. Yo no tengo la culpa si nadie se quiere acostar contigo¡¡ --dice Nemesio mirándolo con mucho desprecio.
De nuevo rechazo y con ese desprecio y chulería Alejandro se siente muy herido. Nemesio se va aunque temblando de deseo ya que está muy enamorado del hombre que deja atrás ansioso por una noche de sexo con él.
--¡¡ya me buscarás, imbécil¡
Nemesio se va dando un portazo. Dentro del baño Alejandro se golpea los puños con rabia.
--¡¡maldito¡ ¿pero que se ha creído? ¡¡Me voy a acostar con él y se las voy a hacer pagar todas juntas.¡
Alejandro hace una cruz con los dedos y la besa. Nemesio se queda en la puerta. Se estremece recordando la presencia de Alejandro. Lo ama y desea estar con él. Se da golpes en la cara reprochándose esos sentimientos, esos deseos:
--eres un imbécil...
Corre hacía el exterior. Se monta en su moto aún temblado, se acaricia los labios pensando en el beso de Alejandro:
--porqué no puedo olvidarte..
Alejandro lo ha seguido. Sonríe coqueto:
--va a ser mío..
Por un momento Nemesio duda, tiembla. Desea mucho a ese hombre que se está acercando. Sus cuerpos se llaman a gritos, se desean. Suplican por un encuentro de sexo puro y duro pero Nemesio no quiere hacer sentir a Alejandro vencedor aunque por esa noche los dos sean unos perdedores. Los dos se van frustrados. Alejandro estaba seguro que iba a pasar la noche con Nemesio. Golpea la pared con rabia:
--¡¡maldita sea¡ ¡¡maldita sea¡
Se muerde el puño hasta sangrar por la frustración que tiene por no poder satisfacer sus ganas. Entra en el antro de nuevo. Necesito sexo pero no ve ningún chico que valga la pena. Va con un par al lavabo pero no acaba pasando nada pero su cuerpo no le responde porque no hace más que pensar en Nemesio. Sólo y con ganas de sexo Alejandro maldice a Nemesio una vez más.
--¡voy a acabar con él¡
Se golpea los puños, se lastimada. Tiene las manos con un poco de sangre por los mordiscos que se ha pegado.
Nemesio llega a su casa. Va a la cocina. Solloza pensando en Alejandro. Bebe un vaso de leche. Lucía sale de su cuarto medio dormida.
--¿vienes con alguien? --le pregunta ella.
--No ¿y tú estás sola o acompañada?
Lucía se pone un vaso de leche:
--No, yo no quiero saber nada de parejas. Estoy mejor sola.
Nemesio mira a su hermana con pena:
--Desde que rompiste con tu novia estás tan sola. Te enfrentaste a todos por ella y ¿ahora qué?
Lucía acaricia a su hermano resignada:
--Yo podría decir lo mismo que tú. Almenos yo pasé unos meses felices ¿y tú?¿qué pasó con ese chico?
Nemesio se hace el disimulado:
--¿qué chico?
Lucía sonríe. Lo acaricia:
--por el que lloras todas las noches.
--Yo me la jugué con él y él me falló. --dice Nemesio triste.
Lucía abraza a su hermano:
--a los dos nos fallamos, para empezar nuestros padres. De papá no me sorprende pero de mamá, se supone que las mamás son más comprensivas.
--Nuestra vida es demasiado escandalosa para una mujer tan perfecta como ella --dice el joven con amargura.











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